Nuestra oficina de redacción, entre las numerables cartas que recibe, ha escogido la siguiente para ser respondida:
Estimado, se ve de su faceta redactora, un importante cambio entre la etapa pueril a una mas bien maduril. Sin embargo y por mi definicion genetica de no aceptar errores a los acontecimientos historicos, so pena de reflejar una imagen errada de mi integridad cultural, me cabe la necesidad urgente y quemante de corregir un dato relevante en la citada frase de A.P.CH, segundos antes de ser impactado por tan ingrato proyectil. Segun Vidal Almost, las palabras desenfrenadas e irracionales de tan calvo personaje fueron "Morir con honor o Vivir con Gloria", cuando la verdad sentencia una diferencia minuscula que pudo evitar tan desdichado final y que da cuenta de una severa y evidente sordera del lider de "Los Peruanos". Lo que A.P.CH. citó fue "Morir con Honor o Vivir sin Gloria", dejando a las claras que su relación con la esposa de Grau ya entonces era cosa del pasado y que fue algo sin importancia, que aparentemente no enturbiaba la fogosa relacion con su actual pareja, Carmela.
Sepa usted señor redactor, que el suscrito estara atento a los avatares de su perpicaz pluma, que como el destino mismo en esencia, nunca da señas de lo que nos deparará.
Atte
Me
Estimado Señor Me.
Hace usted bien en corregir, Me. Sin embargo, y como dijera Robin of Sherwood, famoso pensador, holgazán, amante de los niños, ladrón y, ya hacia el final de sus días, un reconocido sacerdote, profesión en la cual pudo aunar de maravillas todas sus actividades anteriores, "Los árboles no dejan ver el bosque". Que la frase final del susodicho A.P.CH. haya sido ésta o aquella, es un detalle. Que se haya o no comido a la señora de Grau, es un detalle. Que la Carmela haya tenido, además, una sórdida relación con la Esmeralda (con toda la tripulación), es un detalle. Que la frase, en realidad, haya sido "Vivir con Honor o Morir con Gloria", frase que esta redacción modificó con el único fin de entretener a los lectores, es un detalle. Y también es un detalle sin importancia que la susodicha frase no haya salido nunca de boca del mencionado A.P.CH. en 1879, sino del señor Bernardo O´Higgins Riquelme, alias El Alameda, en la Batalla de El Roble en 1813, 66 años antes del relato que nos convoca. Lo realmente importante es esto: A.P.CH está muerto, el homicida en libertad, el Huáscar en Talcahuano y los Peruanos en la Plaza de Armas. El resto es historia.