NOT THE HEN! (Lagaallí-ná-nó)

ALL BRADMay 6, 2008 11:04 pm

Corría el año 1991. Un año lleno de desafíos para nosotros, los otrora estudiantes de cuarto medio. Sí. Éramos jóvenes llenos de dudas, inquietudes; pero, por sobre todo, llenos de bríos y entusiasmo para hacernos valer en el mundo de los adultos.

En este ir y venir de adrenalina, de exudar feromonas y manifestar abiertamente -y sin temor a ser reprochados- que las espinillas ya son parte de un pasado oscuro y que no queremos volver a repetir; nace Sir Thomas Paul. Su logro más relevante durante la época estudiantil fue patentar la jugada del "látigo asesino", que consistía en pegarle a la pelota (solicito al lector que se imagine un corte longitudinal del jugador) por detrás de la línea de la rodilla… bastante detrás. En otras palabras, y al contrario del común de la gente, al acercarse el balón, este jugador desplazaba su centro de gravedad hacia atrás, esperaba que la pelota ya no estuviera al alcance de su vista (tapada por su rodilla) y golpeaba con el mayor rigor que su esfuerzo podía otorgarle. El resultado es un hermoso golpe que no posee nada de fuerza ni dirección, pero que gira como los más bellos girasoles jamás conocidos.

Con esta hermosa técnica, nos sentíamos seguros ante cualquier adversario. Ganamos en aquella época la semana del colegio, la copa Embajador de España, el torneo de ajedrez (es realidad, lo gané yo, pero no quiero ser autorreferente). Quiero decir con esto que la seguridad que sentíamos traspasaba los umbrales de lo deportivo. Todo gracias a nuestro azimut Paul.

Fue así como en un acto quizás de arrogancia, nos presentamos en las canchas del Estadio Israelita un día jueves de 31 de octubre del año antes señalado… nuestra última clase deportiva de nuestra vida colegial. Sin importar el rival, comenzamos a jugar nuestro último partido en esta era. Los puestos de estos luchadores estaban previamente definidos, solo recuerdo algunos: Araña Fuenzalida (Lila), al arco; Muralla Asesina Vega, defensa; Podadora Vidal, por ahí; Lechón al hombro González, al medio; Abuelo Vitamina Del Campo, arriba; y Sir Thomas Paul, en todos lados.

Corrían los últimos 45 segundos y un contragolpe a nuestro favor nos daría la segura victoria, puesto que el empate que estábamos evidenciando nos estaba amargando nuestra triunfal salida del colegio. Yo me encontraba en la defensa, por lo que mi visión era privilegiada para relatar lo que siguió. En efecto, recuerdo que un lechón no me dejaba ver el número de la camiseta del jugador, pero me imaginaba quién podía ser, ya que la tomó la pelota en el mediocampo y no la soltó hasta llegar a línea de fondo, al mismo tiempo que se escuchaba una voz de pito que decía: "suéltala, maricón. Pásamela". Afortunadamente no le hizo caso, eludió al arquero (y otros 6 jugadores) y efectivamente llegó a línea de fondo por el sector derecho. Una vez más se quedó sin ángulo, por lo que centró un suave y hermoso pase. ¿Quién se encontraba en ese lugar? Sir Thomas Paul. Un ser impertérrito e impávido ante situaciones de presión sicológica y que tiempo después me reconoció entre copas que "ese era el momento de consagrar el látigo asesino". Con esa idea en su mente, procedió a desplazar su centro de gravedad hacia atrás, extendió sus brazos hacia adelante, escondió su pierna derecha para rematar, se tomó su tiempo para medir el tiempo y distancia… y ocurrió lo que nunca debió ocurrir. 

En ese momento el tiempo se detuvo. Nuestra desgracia se comenzaba a cristalizar en esta vida. Nuestro sentido de la vida cambió… nuestra amistad también.

El balón circuló por todo el arco, paralelo a la línea de fondo (a escasos 50 cm). No hubo ningún pie que la tocara. Lo único llamativo fue el porrazo del susodicho. Hocico al suelo, pelota al lateral. ¡Maldita pelota que no quiso golpear el pie de mi amigo! Pitazo final y a cobrar las burlas al camarín.

No importa. Quizás si hubiese entrado el balón, no seríamos amigos hasta el día de hoy. Mejor que haya sido así. Sin embargo, lo más rescatable (y lo puedo leer en el post anterior) es que las lecciones son para aprenderlas y no repetir los errores de antaño. ¡Gracias por las risotadas de ese día! ¡Jamás las olvidaremos!

ALL BRADMay 3, 2008 12:16 pm

De la serie Hazañas Deportivas.

Corría el minuto 2 del primer tiempo y nos defendíamos con todo. Salvo el arquero rival, todos los jugadores (y el árbitro) estaban en nuestro campo. Sólo manteníamos el cero gracias a nuestro arquero (alto, elegante, bien peinado) y a los palos. Yo estaba estacionado cerca de la mitad de la cancha viendo el espectáculo, cuando uno de los tantos tiros al arco del rival rebota en el poto del Guatón Phelipe, que se había dado vuelta. Por un efecto físico inentendible, pero que seguramente tiene que ver con la elasticidad que confiere la grasa a la piel, el rebote cae directo en mis pies. Siento que me vienen a marcar y dejo pasar la pelota entre mis piernas, eludiendo al defensa. Giro hacia el arco rival y….conch… estoy solo! Chancho al hombro saco el freno de mano y, por el carril del diez, emprendo la embestida hacia el gol. En medio de mi carrera siento los vítores de mis compañeros y una compañía cercana a mi diestra…Mierda! -pensé- tan lento soy que el defensa ya me alcanzó! - pero una mirada de reojo me reveló los colores verde y azul de nuestro equipo y luego, una mirada incrédula, me ofreció a Sir Thomas Paul corriendo a mi lado a toda velocidad, por el centro de la cancha, con su pelo al viento, su cara roja y sus ojos levemente salidos de sus órbitas…. dos contra el arquero, pelota dominada….ni en nuestros mejores sueños!.

Una rápida revisión mental de mis alternativas me hizo tomar la decisión: yo lo hago - Sir Thomas me la pedía - Borde interno al segundo palo y listo, a cobrar - Sir Thomas me la pedía - Preparo el remate cuando el arquero se decide a salir, directo hacia mí…grave error! Ahora basta con tocar al lado y el arquero queda botado y Sir Thomas con el arco vacío. Esta vez ni lo pensé y, milésimas de segundo antes que llegara el arquero, decido…. pasármelo. La idea (la mejor que tenía) era engancharlo hacia mi izquierda y definir de zurda. Pero el toque me salió muy largo y me empezé a abrir mucho, acercándome peligrosamente a la línea de fondo….conch!…. la inercia de la guata no me va a permitir frenar….sólo me queda una opción….cagamos!…y así, sin esperanzas, hago lo único que podía hacer: toque al centro del área donde Sir Thomas entraba solo. Mientras caía desplomado y la pelota avanzaba lentamente hacia Sir Thomas, veo despavorido que éste, con el arco enfrente vacío, lanza toda su humanidad en una barrida hacia adelante, con la pierna izquierda hacia la pelota y la derecha completamente flectada hacia atrás…. en ese momento perdí el conocimiento.

NOTA: Dado que el narrador del presente relato se encuentra temporalmente fuera de servicio, éste pasará, en una genialidad narrativa de la redacción, al interior de la mente del otro protagonista, Sir Thomas Paul. Para una correcta continuidad retomaremos el relato segundos antes del momento en que lo dejó el narrador anterior.

Conch! estamos solos!…. ya Patas….házlo, hueón. Voy a correr igual. Házlo hueón. No me la toquís a mí. Házlo no más. Conchemimare!, salió el arquero!… ya, prepárate hueón, tranquilo no más… estay solo, tranquilo no más….ese hueón me la va a tocar….tranquilo… uuuuu! se pasó al arquero!…el maraco no me la dio!…chucha, menos mal….ya hueón, házlo ahora por favor, terminemos esta hueá….pero pa dónde va este hueón? tira al arco ahueonao!….puta ques hueón, se quedó sin ángulo….mierda! viene pacá….a la horita que me la tira el huea! viene pacá, conchemimare!….ahora sí, hueón. Tranquilo na más…viene muy rápida la hueá….este hueón medio pencazo que me mandó!…no me queda otra que lanzarme! tengo que llegar luego…la izquierda primero, que es la que está más cerca!…ahí viene la hueá, esta hueá es gol, conchemimare!….la agarro con la planta del pie y la empujo!….ooooooohhhh, fallé! fallé conchemimare! se me pasó la hueá! puta otra vez solo frente al arco, estos hueones me van a agarrar pal hueveo! puta es que medio pencazo que me mandó este otro hueón!….pero….hueón!…..hueón!, me queda la otra pierna!

La imagen que siguió fue celestial. Sir Thomas tendido de espaldas en el gramado, su pierna izquierda extendida hacia adelante, la pelota avanzando lentamente luego de esquivarla y la pierna derecha completamente flectada hacia atrás. Fue entonces cuando se inició el  milagro kinesiológico. La pierna derecha de Sir Thomas, como si no tuviera articulaciones (o como si tuviera demasiadas), salió de su estado letárgico e inició un serpenteo hacia adelante, una especie de latigazo sinuoso a ras de piso, como si fuese una víbora con vida propia sedienta de gol… un latigazo que encontró de lleno a la pelota antes que se perdiera, impactándola en la parte baja. Allí, a un metro del arco, tendido en el piso, con pierna cambiada, Sir Thomas la clavó en el ángulo.

Golazo.