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Agradezco vuestro pincel, que ha escrito una oda tan secreta. Sus palabras son un cincel, que en mi orgullo penetran.
Bien dice que llegué del Luis Campino, un colegio de muchos lores; pero al llegar tuve el desatino de comentarle de mis shores.
Juntos nos hicieron sentar, con nuestros blaiser de franela. Su voz de pito tuve que soportar, al gritar que me cambiaran por Cepeda.
Siempre fue usted mamón y suertudo. Usted a mi no me engaña. Y no podía creer lo cuevudo, cuando ganó la Copa Embajador de España.
Jamás olvidaré vuestra lonchera, que llevaba alfajor, rayita y quequito. En esa época no tenía la ponchera, ni sobre sus hombros cargaba ese chanchito.
Con el balón hacía sutilezas y maravillas. Deleitaba a todos, incluyendo un mirón. Hoy no quedan huellas de esas semillas, todo por culpa del asado y el ron.
Palabras me sobran para seguir. Hablar sobre usted no es aburrido, ni da lata. Es un agrado explayarme y escribir, sobre mi compañero y amigo Patas.
PD: Esta vez fue guante blanco… espérate para la otra… aweonao.

