Anoche me desvelé. Y en medio de este molesto desvelo involuntario, una idea comenzó a rondar mi mente, y es ésta: El verdadero artista, el poeta de verdad, es capaz de extraer, de las cosas más simples y cotidianas de la vida, una belleza y solemnidad que traslucen a través de un lenguaje excelso. Lo hizo a la perfección un tal Neruda, que fue capaz de escribirle un poema al caldillo de congrio que incluso expele, al momento de leerlo, el exquisito olor de ese reponedor plato. Y lo han hecho los mejores narradores y poetas con las cosas y seres más cotidianos de la realidad.
Pues bien, en medio de la noche, nació en mí la necesidad de plasmar, en un poema, la razón de mi desvelo, nacimiento que se vio truncado, al cabo de un par de minutos, a causa de mi clara falta de talento literario. Sólo me queda entonces seguir admirando a los grandes y dejarles aquí, de todas maneras, lo único que alcancé a escribir en medio de mi intento:
¡¡¡¡ZANCUDO CONCHETUMADRE!!!!

