Lo hemos dejado jugar… Lucho, no lo estás marcando. Y si lo sigue habilitando, el nueve no va a parar de salir a celebrar, no sólo a final de mes, sino una y otra vez, como lo ha venido haciendo… No ven que vamos perdiendo por dejar jugar al diez?
Cada vez que la recibe maneja su pierna diestra; te la esconde y te la muestra y tú sólo la persigues. Nos ha ganado el quién vive metiéndonos pelotazos, como si fuesen balazos de un gran francotirador… No será lo más mejor marcar bien al cabronazo?
“¡Tiene razón, don Fernando!…” -gritó el guatón Alvarado- “el Lucho ya está cansado como pa seguir marcando. Pero vaya usted cambiando sus piezas en el tablero… yo al cabrón lo conocí de chiquitito jugando… si el diez nos sigue hueviando, sólo déjemelo a mí!”
Comenzando el complemento, Alvarado, dicho y hecho, cual depredador al acecho por cumplir su juramento dejó al entrenador contento y al estadio estupefacto. El zapato en la barbilla le dejó al diez marcado; el guatón salió expulsado, el talentoso en camilla.

